Y cuando pase el tiempo y desaparezcan, ¿también lo hará tu recuerdo? ¿también se irán las marcas de mi interior? ¿será como si nunca hubieras existido?
No confiar nunca. Es lo único que he aprendido.
Para qué sentir si es dolor. Prefiero no sentir nada.
¿Sabes qué? A
mí nunca me han tratado bien. Será que por defecto me enamoro del prototipo de
tío gilipollas, o será que soy demasiado ilusa porque siempre, a pesar de todo,
soñé con encontrar al famoso príncipe azul. Hasta que mi corazón quedó tan roto
que por pura pereza me negué a remendarlo. “Para qué lo necesito”, pensé. Estoy
mejor sin él.
Y entonces
apareciste tú. Yo sabía que no eras un príncipe azul, por eso ni me molesté en
huir. Y sin serlo te comportas como tal, como si vinieras a salvarme de mi
propia autodestrucción. Como si fueras capaz de hacerlo. Como si fuéramos
capaces de cualquier cosa. Llevaba mucho tiempo sin sentir nada real.
No termino de
entenderte, no termino de confiar, de dejarme llevar. Pero sí sé algo. No
quiero que desaparezcas.
¿En qué parte
del camino me encontré con el lobo? ¿Cuándo fue que me prometió una vida de ensueño
a su lado y yo le creí? ¿Cómo fue que desapareció mi capacidad de raciocinio?
Yo me imaginaba
un ser racional, pensante, con las ideas correctas dentro del mueble de ideas y
las tentaciones irreflexivas bien guardadas bajo una docena de llaves de la más
alta resistencia. Pero me equivocaba.
Para cuando lo
advertí, el lobo me estaba desgarrando en tiras la piel de mi pecho para
alcanzar mi corazón cual vampiro hambriento. Para cuando vine a darme cuenta,
le había dado todo lo que tenía y me hallaba en un estado de hipnosis tan
fascinante que lo único que quería era que el lobo, amenazante y nocivo,
permaneciera cerca, lo más cerca posible.
Por algún
motivo el lobo llegó a mí, pero fue culpa de mi yo más beata, que lo sentía
como un corderito suave y blando. Ese inocente lobezno sabía atacar la corteza
mejor que el león más experimentado, y dejaba una huella tan profunda al paso
de su garra que tenía la certeza de que jamás se curarían antes de la siguiente
pasada.
¿Y cómo se
escapa ahora? ¿Cómo se huye de una prisión de la que no se quiere huir?
Me he enganchado a Shadowhunters recientemente, y por consiguiente a su banda sonora. Éste concretamente es el tema con el que inicia el primer capítulo.
Recuerdo muy
bien aquella tarde, tus labios curvados en la más perfecta mueca que jamás
hubiera visto. Tu piel de fuego y tu pelo de oro
refulgiendo bajo el sol, ojos matadores y semblante exhausto; si te hubiera
conocido, hasta el mismísimo Adonis habría sentido envidia de tal derroche de
belleza del que hacías gala. Recuerdo tu inexplicablemente embriagador olor, envolviéndome y seduciéndome. Recuerdo
el calor de tus brazos rodeándome, y el hormigueo en mi estómago.
Pero he cambiado el recuerdo de tu sonrisa por el de tu mirada amarga. Y sólo sé que habría hecho cualquier cosa porque tus ojos dejaran de reflejar ese terrible sentimiento que no merecías. Porque dejaras de sentirlo.
Y ni siquiera sé por qué me siento así por un simple sueño. Parece que empieza una nueva trilogía, ya hacía tiempo que...
Basta un instante para cambiar tu percepción de las cosas.
Lo que antes era negro, ahora bien podría ser blanco o incluso rosa.
Más rosa que el algodón de azúcar,
que igual te endulza la tarde que te la agria si te pasas.
Basta un instante para darle un vuelco a una vida,
para que la felicidad se cree o se destruya,
para que la dopamina en nuestro hipotálamo nos haga volvernos locos.
Basta un instante para atrapar el momento preciso y conservarlo para siempre.
Para creer que una tontería es posible,
para tomar una decisión importante.
Basta un instante para casi cualquier cosa.
El problema es que contigo los instantes se transforman.
Se transforman y me hacen egoísta.
Tan egoísta que no quiero un instante, los quiero todos.
Mood: Great expectations, as usual Audio: Dangerous woman, Ariana Grande
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
Por algún motivo me he enganchado a esta canción, así que como es costumbre, aquí queda. Mola mucho =) Y la peli en cuya banda sonora aparece (Big Hero 6) también mola una barbaridad.
They say we are what we are,
But we don't have to be,
I'm bad behavior but I do it in the best way,
I'll be the watcher (watcher) of the eternal flame,
I'll be the guard dog of all your favorite dreams,
(Ooh)
I am the sand in the bottom half of the hourglass (glass, glass)
(Ooh)
I try to picture me without you but I can't
'Cause we could be immortals, immortals
Just not for long, for long,
And live with me forever now,
Pull the blackout curtains down,
Just not for long, for long,
We could be immor- immortals,
Immor- immortals,
Immor- immortals,
Immor- immortals,
Sometimes the only pay off for having any faith,
Is when it's tested again and again everyday,
I'm still comparing your past to my future,
It might be your wound but they're my sutures,
(Ooh)
I am the sand in the bottom half of the hourglass (glass, glass)