viernes, 31 de julio de 2009

Extraña sensación

Me sumerjo en esta dulce locura con la esperanza de salir pronto a la superficie.

La cordura, que brilla por su ausencia, parece que salió de fiesta con la irracionalidad. La responsabilidad se quedó durmiendo hasta tarde y la culpabilidad fue la única que llegó a tiempo para consolarme.

Debo despertar, pero el reloj roto no suena. Debo nadar, pero llevo demasiadas horas y ya estoy cansada. Tal vez mirar al Sol y quedarme ciega sea la solución.

Ni el rugido de un león en mi oído puede amedrentarme. Jamás.

¡Imbécil!- me grito a mi misma. Salir del ensimismamiento. Ampliar horizontes. Alejarme de todo lo que me haya hecho daño...

¿Debo entonces quedarme sola? No quiero. No me apetece. Que vuelva el ser racional que yo era, por favor...

Sin dejar de darle vueltas a las cosas no se consigue nada. Soy fría, como un témpano de hielo. Nada me afecta, nada me duele. Y mucho menos que nada. En absoluto.

Creo que me estoy volviendo loca, ¿Qué digo? Ya estoy LOCA. Que venga el dulce vampiro y me devore. O que me lleve con él. El dolor... qué es eso? Yo ya no siento.

Quiero volver a pensar de forma razonable.

Debo ser madura.

Pero... ¿y si no quiero? Pues debo querer. Salir de la locura y dejar atrás sueños ridículos.



No pienso intentar explicar ni media palabra de lo que dice esta entrada. Punto pelota

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